Salmo del día

Verso o versículo diario

Última actualización: Martes, 10 de febrero de 2026

Salmo 108 — Firme está mi corazón
Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos…

Reflexión

Este salmo combina alabanza y petición estratégica. El corazón dispuesto canta antes de ver la victoria, porque la fidelidad pasada garantiza misericordia presente. Reconocer la soberanía de Dios sobre los territorios reubica ambiciones humanas: el mapa pertenece al Señor. Pedir su ayuda no exime de planificación, la inspira. Orar este texto enseña a liderar desde la adoración, a tomar decisiones después de cantar, a buscar su gloria por encima del propio nombre. La frase final, con Dios haremos proezas, no es eslogan triunfalista; es humilde certeza de colaboración. En la práctica, esto se traduce en pasos valientes y prudentes, sostenidos por comunidad y obediencia.

Salmo del día: una lámpara para el camino

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). La experiencia de la fe cristiana no se alimenta de teorías abstractas, sino de una Palabra viva que acompaña la jornada concreta de cada persona. Por eso ofrecemos el Salmo del día: un espacio sencillo y profundo para que, en medio del ritmo acelerado de la vida, tu corazón encuentre lenguaje, dirección y consuelo en la oración inspirada por el Espíritu.

¿Qué es el Salmo del día y cómo puede ayudarte?

El Libro de los Salmos es el cancionero-oracional del pueblo de Dios. Contiene gritos y cantos, preguntas y respuestas, lágrimas y danzas; reúne la totalidad de la experiencia humana delante del Señor. El Salmo del día es una invitación diaria a entrar en ese diálogo milenario para descubrir que la Biblia no solo se lee: se reza, se canta y se vive.

“Hoy el Señor nos habla a través de un salmo” — un texto breve y denso que puede sostenerte durante horas: en el trabajo, en casa, en el tráfico, en el silencio de la noche.

El corazón de los Salmos: poesía, oración y vida

Cómo orar el Salmo del día (guía breve en 5 pasos)

  1. Silencio y presencia (1–2 min). Respira hondo. Reconoce que Dios está aquí. Dile: “Señor, abre mis labios”.
  2. Escucha. Lee el salmo despacio. Si una frase te toca, detente ahí. La Palabra es alimento, no noticia.
  3. Dialoga. Responde con tus palabras: gracias, perdón, petición, entrega.
  4. Aplica. ¿Qué paso concreto te invita a dar hoy? Escríbelo.
  5. Contempla. Guarda un minuto de silencio. Deja que el salmo te acompañe todo el día.

Preguntas para profundizar

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